La Palma Canaria (Phoenix Canariensis)

La Palma Canaria (Phoenix Canariensis)

Texto: Aider La Gomera, Juan Montesinos.

palma_canaria_graLa palmera canaria (Phoenix canariensis, Hort. ex chab.) sin duda, por su elegancia y belleza, es una de las plantas canarias más conocidas universalmente. Ha constituido siempre un elemento característico y distintivo del paisaje canario, formando parte de su propia identidad. De gran porte y belleza, solitaria (sin retoños), muy apreciada para fines ornamentales, alcanza en algunas ocasiones alturas superiores a los 30 metros, merced a un largo y estilizado tronco, siempre único, que en su juventud aparece cubierto por las bases persistentes de las hojas, llamadas tajalagues, talajagues o tajalague y que al llegar a la madurez se torna en un cilindro de hasta 1 metro de diámetro denominado estípite, que lleva toda su superficie cubierta por las cicatrices dejadas por los tajalagues. Estas cicatrices forman una sucesión ininterrumpida de rombos más anchos que altos, con excepción hecha de la zona terminal en que las bases de las hojas y parte de las hojas viejas, que aún persisten, determinan un engrosamiento del tronco que se conoce en Canarias como cabeza de la palmera.

guarapero_graEl tronco termina en un cogollo donde se encuentran asentadas las hojas verdes, estando los espacios libres entre las bases de asentamiento cubiertos por una maraña de fibras reticulares de color marrón, llamada jarropón.

El penacho o copa de la palmera constituye una masa verde, imbricada, y de forma esferoidal, integrada por gran número de hojas pinnadas (más de 200), de color verde oscuro y arqueadas siguiendo un plano vertical. Las hojas llegan a alcanzar hasta 6 metros de largo. Cada una de ellas está compuesta por unos 150-200 foliolos derechos y flexibles, dispuestos a ambos lados del raquis -pirguan-, que en la parte más próxima a la base se han transformado reforzadando hasta convertirse en robustas hojas-espinas (acantófilos), que forman una maraña espinosa que envuelve y resguarda el cogollo, siendo éstas en su inicio de color verdoso y con el tiempo van tomando un tono amarillento, es el tramo que anteriormente hemos denominado por talajague.

palmeral_graLa palmera canaria es una especie dioica, esto es, no existe ningún ejemplar que posea a la vez flores masculinas o femeninas, esto es, no existen flores masculinas y femeninas en un mismo ejemplar. Por lo tanto los ejemplares se diferencian en machos y hembras. Las flores aparecerán diferenciadas según se trate de uno u otro sexo. En ambos casos la inflorescencia es una especie de ramificado de color amarillo rojizo, con espata coriácea de 70-80 x 15-20 centímetros, largamente alada y escamosa. En el caso masculino el espádice tiene una longitud de 60-70 cms. y el pedúnculo aplanado con numerosas ramas simples que forman una masa oval densamente pobladas por flores blanquecinas. El espádice femenino, flexible y de color amarillento, puede llegar hasta los 1,6-2 cm. de longitud, llevando por debajo de los dos tercios de su largo numerosas ramas simples portadoras de gran cantidad de flores de corola globular y apenas cáliz.

palmera_sola_graEl fruto (conocido por támara) es ovaladoelíptico, agrupándose en buen número en el ápice del espádice. Toma en la madurez un color amarillo rojizo, liso en el exterior, de aproximadamente 2 cm. de largo y 1,5 de ancho, con pericarpio sutil, crustáceo y la pulpa en el interior muy reducida.

La semilla (cuesco) es ovalada elíptica, con la superficie de color ceniza y de 14 a 16 mm x 9 a 10 mm de tamaño. Su sección transversal es perfectamente circular con un surco en su cara dorsal muy estrecho y profundo.
El embrión está situado más o menos en la cara ventral, sin huellas muy aparente en el exterior con n=18 (número aploide de cromosomas). Su floración es principalmente en primavera.

palmeral_peqEl aparato radicular es extenso y no posee raíces principales: cuenta con miles de raíces fibrosas que no aumentan de diámetro con el tiempo y que le permiten aprovechar bolsas de agua subterráneas, sobrevivir a cortos períodos de encharcamiento, fijar el sustrato sobre el que crece y anclarse en los más inestables fondos de barranco.

Es una especie muy longeva: algunos ejemplares pueden llegar a superar los dos y tal vez hasta los tres siglos de edad. La palmera es clasificada como freatófito por su capacidad de depender de las aguas subterráneas y tolerar el encharcamiento temporal de sus raíces. Esta especie posee una gran amplitud ecológica que le permite vivir en condiciones ambientales muy diferentes. Hoy crece de manera natural en todas las islas formando poblaciones aisladas más o menos densas según la localidad. Sin embargo, en La Gomera abunda en tal grado que es rasgo definitorio del paisaje de esta isla. Prefiere las “medianías bajas”, entre 200 y 400 m de altitud pero ocasionalmente puede bajar por los barrancos hasta cerca del mar; también puede subir hacia las cumbres por los valles térmicos, que alcanzan los 1.000 m de altitud.

palmera_graEsta distribución ecológica se explica también en gran medida a las potencialidades y usos que los habitantes de las islas encontraron en la especie. En Canarias, y al igual que todas las especies que componen el bosque termófilo canario, la palmera y los palmerales sufrieron desde la Conquista un duro exterminio por ocupar las tierras más fértiles, que eran destinadas a la agricultura. Sin embargo, los nuevos colonos de las Islas fueron comprendiendo el valor de esta especie: aprendieron a aprovechar todas y cada una de sus partes siguiendo, probablemente, técnicas ya conocidas por los aborígenes. Así, la palma se convirtió en un complemento excelente en las economías de subsistencia, y originó una industria rural ligada a sus variados productos, convirtiéndose para la población isleña en un bien, que llegó en tiempos a heredarse y a ser objeto de arriendo. Desde la cestería tradicional hasta el uso forrajero, los mil aprovechamientos de las palmeras permitieron que muchas de ellas ya no sólo se respetaran sino que fueran cultivadas. La utilidad de Phoenix canariensis en el mundo rural, tan fragmentado y tan abierto a una gran diversidad de cultivos, ha hecho que en nuestra isla las palmas sean determinantes en los paisajes.